Longevidad

La longevidad se ha convertido en una de las prioridades de la ciencia del siglo XXI. Ante una sociedad cada vez más envejecida, mejorar la calidad de vida en la segunda etapa de la vida es uno de los grandes objetivos de la medicina actual. Así, la longevidad se ha convertido en los últimos años en una nueva área dentro de las ciencias de la salud, de carácter multidisciplinar, que se ocupa fundamentalmente de los factores de promoción de la salud, de prevención y de las estrategias terapéuticas dirigidas a conseguir una vejez prolongada y saludable.
Científicos de todo el mundo trabajan en la búsqueda del elixir de la vida eterna. En Andalucía destaca el trabajo del investigador de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, Plácido Navas, que ha demostrado que el resvetarol, una sustancia que se encuentra en las nueces, el vino y las uvas, mejora la salud y alarga la vida de los ratones que han sido alimentados con una dieta rica en grasa.
Otros investigadores andaluces como José Quiles, miembro del Instituto de Nutrición y Tecnologías de los alimentos de la Universidad de Granada, también señalan los hábitos alimenticios como los mejores medios para evitar el envejecimiento. En este sentido, el aceite de oliva, alimento estrella de la dieta mediterránea, ya que supone un aporte calórico de hasta el 15-20% de las calorías totales diarias y reduce el riesgo de enfermedades crónicas ligadas al envejecimiento, se convierte en uno de los alimentos protagonistas.
La actividad física e intelectual, sueño y sexualidad saludables, prescindir de tóxicos, tener relaciones sociales y actitud positiva ante la vida son otros de los aspectos que señalan los expertos como motores para frenar el envejecimiento.
La longevidad constituye un campo de estudio “frontera” que persigue, además de mejorar las condiciones del individuo al afrontar la segunda etapa de su vida, procurar la prolongación saludable de la esperanza de vida máxima de la especie humana.