Una exposición sobre hélices y espirales
Las hélices y las espirales aparecen por doquier en
nuestra vida cotidiana. Muchas veces las razones de esta presencia hay que buscarlas en
causas puramente funcionales, otras son por motivos estéticos u ornamentales y
también impuestas por la necesidad de expresar conceptos abstractos. Tampoco es
difícil tropezar con estos símbolos unas veces como invitación a
la aventura, a la exploración de lo desconocido y otras insinuando misterio y
desconcierto.
Existen espirales y hélices en el arte, en la
música, en la arquitectura, en la gastronomía, en la tecnología,
en la naturaleza... ¡y hasta en la sopa!
Hace unos 4.500 millones de años que la Tierra
nació a partir del movimiento en espiral de una nube de gas y polvo. Desde
aquella lejana fecha, son muchos los sucesos naturales e ingenios humanos que siguen un
camino espiral o helicoidal con sus movimientos. Los ventiladores, las galaxias, las
espiroquetas, las hélices de barco o las borrascas son algunos ejemplos de
ellos.
En la naturaleza existen hélices y espirales desde hace
millones y millones de años. Unas veces como solución para el crecimiento
(conchas en espiral), otras para aumentar la efectividad de las armas (garras, cuernos,
colmillos) u otras simplemente para ocupar el mínimo espacio posible
(espiritrompa de mariposas, enrollamientos de serpientes). Las espirales y
hélices cumplen las más diversas funciones, existiendo en los seres vivos
más pequeños como los virus (virus del mosaico del tabaco y en los
más grandes (elefante).
|